Orson, mago de primera.

Orson, mago de primera.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Tony Leblanc, último de los grandes.

El sábado 24 de noviembre de 2012 se nos fue nuestro Tony Leblanc, nuestro gran galán cómico. Los italianos tuvieron a Vittorio de Sica, Vittorio Gassman, Alberto Sordi, o Nino Manfredi. Los franceses a Fernandel y Louis de Funès. Cada uno en su estilo. Tony Leblanc fue el “chulo” madrileño por excelencia, el que, entre chiste y chiste, defendía el vigor y espíritu saludable del requiebro y del piropo, como aquel que él recordaba gustoso: “Chata, vales más pesetas que merengues se necesitan para romper una campana”. ¡Olé! Esos hermosos dichos improvisados, propios del Madrid más castizo, que varias feministas enfermas de hoy tomarían como algo ofensivo por “machista”.
 
Tony, nacido Ignacio Fernández Sánchez Leblanc, ha sido nuestro varón del cine más castizo. No en vano, era hijo de los porteros del Museo del Prado, en cuya augusta sede él vino al mundo, un 7 de mayo de 1922. Muy jovencito, siguió lecciones de canto y baile, distinguiéndose en claqué americano, y llegando a ser campeón de España de esta disciplina en su única convocatoria (1941). Bailó a menudo en el escenario del antiguo Circo de Price, en la Plaza del Rey de Madrid. Aficionado también al boxeo, se preparó como púgil ligero y obtuvo el título de campeón de Castilla en la modalidad Welter amateur. En fútbol, participó en encuentros de tercera división, donde solía jugar de guardameta. Los sábados por la tarde peleaba, y los domingos por la mañana detenía balones.

Dotado de atractivo indiscutible y buena planta, fue “boy” en revistas de Celia Gámez. En esto se igualó a otros chicos de revista que luego destacaron en la interpretación, como Carlos Casaravilla o José María Rodero. Tony actuó en cincuenta y siete de esos espectáculos. Fue el primer novio que tuvo la actriz y tonadillera Nati Mistral, a quien abandonó por su mujer, Isabel Páez de la Torre, que trabajaba en el teatro con él y con quien ha tenido ocho hijos.

Debutó en el cine como secundario en la cinta panfletaria Los últimos de Filipinas (Antonio Román, 1945). Algunos apuntan, sin embargo, a una primera aparición en Eugenia de Montijo (1944). Pero su talento no comenzó a destacar verdaderamente hasta finales de la década de 1950, encarnando al caradura gracioso en títulos como Historias de la radio (José Luis Sáenz de Heredia, 1955), El tigre de Chamberí (de 1957, junto al excelso José Luis Ozores), Las chicas de la Cruz Roja (1958) y El día de los enamorados (Fernando Palacios, 1959), con ese cariñoso y tierno San Valentín, interpretado por Jorge Rigaud, que nos visita para acabar con las riñas entre parejas.
 
En 1959 rueda, con Pedro Lazaga en la dirección, su mejor película, Los tramposos. Repite reparto con Concha Velasco, que se convierte en su mejor pareja en la ficción (dieciséis filmes juntos). Los tramposos cuenta las peripecias de tres ingeniosos timadores –Virgilio, Paco y Bajito--, que no siempre consiguen engañar a la policía ni tener contentas a sus novias. Por las calles de Madrid ensayan los más variopintos timos clásicos, como el de la rifa de un coche flamante que no les pertenece, el del falso policía al quite de comensales sin fondos, el de los enfermeros de pega con el herido fingido, y, muy esmeradamente, en la que ya se ha convertido en una secuencia de antología, el timo de la estampita, rodado en la rampa exterior de la estación de Atocha. Leblanc interpreta al “Tonto”, mientras que Antonio Ozores es el “Listo”. Ambos consiguen sustraer billetes auténticos a un pobre pueblerino que viaja con boina y su maleta de cartón. Memorable.
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De 1961 es su segundo gran largometraje, Tres de la Cruz Roja, de Fernando Palacios, con Manolo Gómez Bur y José Luis López Vázquez. Tres forofos del fútbol deciden alistarse en la Cruz Roja para poder acudir gratis a los partidos de los domingos. Les cuesta tomar conciencia del uniforme que visten, pero al final se vuelven unos pequeños héroes, y son condecorados por ello. En la banda sonora de esta película, los magníficos Cinco Latinos, con el pegadizo tema Inseparables.
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También en 1961 interviene en una adaptación de una divertida obra de Jardiel Poncela (Los habitantes de la casa deshabitada), que se estrena como Fantasmas en la casa. La realiza Pedro Luis Ramírez, y cuenta con Fernando Rey, Luz Márquez, Rafael Bardem, Manolo Gómez Bur y Agustín González en el reparto.

Un año más tarde, Pedro Lazaga lo dirige en la comedia negra Sabían demasiado (1962). Tony interpreta al Señorito, jefe de un grupo de delincuentes de medio pelo, que decide viajar a Chicago para aprender junto a las grandes bandas. Cuando regresa a Madrid, ensaya los nuevos métodos, entre ellos, el secuestro de un héroe de la guerra de Filipinas. Tony compartía cartel con Concha Velasco (Margarita), José Isbert (Don Sebastián), José Luis López Vázquez (Palillos), Ismael Merlo (Don Rafael), Ángel Álvarez (Sésamo), Jesús Colomer (Pianola), Manuel Zarzo (Camborio) y Venancio Muro (Chepa).

Del mismo momento es Torrejón City, de León Klimovsky, parodia del Western donde Tony hace doble papel, ya que es confundido con un primo suyo, malhechor, con el cual guarda gran parecido.

A finales de los sesenta, comienza el declive de este gran actor, sustituido por otros en la atención del público, como Alfredo Landa, Paco Martínez Soria, o la pareja formada por Andrés Pajares y Fernando Esteso. Sus últimos filmes recordados son Una vez al año ser hippy no hace daño (1969) y El astronauta (1970), hilarante comedia sobre unos madrileños que quieren emular la gesta de los norteamericanos y poner un hombre en órbita. Dirigida con pulso por Javier Aguirre, contaba en el reparto con nuestros mejores cómicos de entonces: José Luis López Vázquez (Don Anselmo), José Sazatornil (Saturnino), Rafael Alonso (Hilario), José Luis Coll (Valeriano), Antonio Ozores (Matías), Laly Soldevila (Vicenta).

Tony fue también director de cine y productor, en proyectos como El pobre García (1961) y alguno más, que no tuvieron, sin embargo, buena acogida.

Una de sus facetas menos conocidas es la de compositor de canciones españolas muy celebradas, como Cántame un pasodoble español, Un abanico español y Las piedras del camino, que llevaba siempre consigo en su repertorio Lolita Sevilla. La primera compuesta junto a Lember, y las otras dos junto al maestro Quiroga.

En 1975, tras el estreno de Tres suecas para tres Rodríguez, de Pedro Lazaga, Tony decidió abandonar el cine y concentrar sus esfuerzos en el teatro, pero un gravísimo accidente de automóvil, acaecido el 6 de mayo de 1983, que estuvo a punto de costarle la vida, le dejó secuelas profundas y permanentes. En 1998, Santiago Segura lo rescata para la gran pantalla en Torrente, el brazo tonto de la ley, y Torrente 2, misión en Marbella (2001). A pesar de que gana un Goya como secundario en la primera, no es ya el mismo Tony de siempre. Cuando sube a recoger el premio, la noche del 23 de enero de 1999, Tony, con el público en pie y volcado en una enorme ovación, dedica el Goya a Santiago Segura, que, según sus palabras, "me rescató cuando estaba fuera de combate, y escribió el guion para mí cuando estaba inválido. Gracias porque no te podré olvidar nunca".
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Ciento cinco películas, más de setenta con un papel protagonista. A lo largo de su carrera recibió numerosos galardones, como la Medalla del Mérito al Trabajo (1980), un Goya honorífico en 1993, la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, la Medalla de Oro de Amigos de los Teatros de España (2010), la Estrella en el Paseo de la Fama de Madrid (2011), y la Gran Cruz de la Orden del 2 de mayo (2012). Encarnó como nadie al español medio, con sus finas artes de supervivencia, su labia y su resignación. Tony ha sido el buque insignia del humor sano, irónico, sainetero, madrileño. Adalid de un elenco de artistas cómicos sobresalientes, inigualables e irrepetibles. Un tiempo del cine y del teatro españoles que no volverá.

En septiembre de 2007, Tony Leblanc sufrió un infarto del que logró reponerse. Finalmente, el proyector de su corazón se ha detenido en su casa de Villaviciosa de Odón (Madrid). Llevaba noventa años iluminando sonrisas, cargadas también de grandes esperanzas.

* * *

+ANECDOTARIO:

El diario El Mundo, en su edición del domingo 25-11-2012, recoge que Tony había pensado como epitafio: “Aquí estoy, haciendo de muerto”. Genio y figura, hasta la sepultura.

En La Razón (25-11-2012), se detalla su afán por apostar dinero al póquer, y cómo escondía las reservas de billetes de mil pesetas en los calcetines. En los años 60, se arruinó al concertar dos campeonatos de Europa de boxeo. Pero, luchador incansable como era, volvió a empezar.

Uno de sus gags más originales y sorprendentes consistió en sacar de un estuche de violín un cuchillo y una manzana, y dar cuenta de ella con toda naturalidad delante del público. Fue todo un éxito.

ABC (25-11-2012) testimonia su forma de caracterizar: “No hay que meterse en el personaje, sino meterse al personaje dentro. Y es lo que siempre he hecho. Los he estudiado, me los he comido, los he digerido, pero no los he expulsado. Han quedado siempre dentro de mí. Les he prestado la voz, las manos, mi forma de mirar y de escuchar”.

Se dice que quería ser incinerado, y que sus cenizas se esparcieran en los alrededores del Museo del Prado, donde nació.
 

2 comentarios:

  1. Gran actor que me hizo pasar ratos estupendos. Para que luego digan que no hay cine sin subvenciones, de calidad ¡y con éxito comercial! Hay alguna de las que mencionas que no he visto, voy a ver si la encuentro...

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    1. Gracias por tu acertado comentario, Aurora. Antes se hacía más "cine para todos", con ingenio e ironía sabia. Los medios podían ser escasos, pero el Talento, deslumbrante. Ahora vivimos en esta extraña época de las bombillas fundidas, sin chispa, sin gracia, sin finura. ¿Cuándo llegará el tiempo de otra edad de oro?

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