Orson, mago de primera.

Orson, mago de primera.

martes, 17 de febrero de 2015

El Genio encapsulado.


“Dios no solo juega a los dados, sino que a veces los tira donde nadie pueda verlos”. Esta es la conclusión a la que llegó el cosmólogo británico Stephen Hawking (Oxford, 1942) para referirse a la extraordinaria complejidad del Universo y sus leyes. La física cuántica materializa esa línea impredecible del comportamiento del cosmos, con unas partículas comportándose unas veces como tales, y otras como ondas. Hawking –físico teórico de fama mundial--  ejemplifica el ahínco para buscar esa fórmula mágica que lo explique todo. La teoría de la relatividad concibe ordenada la materia. Según la segunda ley de la termodinámica, el grado de orden de un sistema va siempre en aumento. Sin embargo, las partículas elementales parecen contravenir la ley de la armonía. ¿Cómo un sistema puede regirse por el orden y la arbitrariedad a la vez? Hawking lleva desde 1965 intentando formular la máxima ecuación que explique el comportamiento de lo real. Su búsqueda, acuartelada en los laberintos de su cerebro, aún no ha terminado.
Si Dios existe, ha permitido que esta mente maravillosa quede encapsulada en un cuerpo cruelmente inanimado. “Me has retado, vas a conocer los misterios que rigen este mundo, pues ¡toma castaña!, que te condeno a padecer por ello de una forma atroz”—parece haber decretado Dios. O eso, al menos, es lo que estamos tentados de pensar.
Llega a los cines de nuestro país La teoría del todo (The Theory of Everything, 2014), del documentalista James Marsh, basada en una fuente de primera mano, Travelling to Infinity: My Life with Stephen, el relato autobiográfico de la exesposa de Stephen Hawking, Jane Wilde.
 

Con un hábil guion de Anthony McCarten, lleno de empuje y desprovisto de momentos especialmente anticlimáticos, profundizamos en el drama humano y familiar de Hawking, desde sus comienzos entre Oxford y Cambridge, hasta los estragos causados por su enfermedad degenerativa, la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), conocida en Reino Unido como dolencia de la neurona motora, y en Estados Unidos como The Lou Gehrig Desease, patología de Lou Gehrig, el famoso jugador de béisbol inmortalizado por Gary Cooper en El orgullo de los Yankis (Sam Wood, 1942).  Es inevitable que una biografía novelada o, en este caso, una biopic, adolezcan de reverenciar al retratado hasta lindar con el melocotón en almíbar; por ello, el filme de Marsh no escapa por entero de cierta visión edulcorada de la juventud del protagonista. Así Marsh construye una película muy familiar, atractiva pese al áspero drama que encierra, que atiende a todos los resortes del género sin olvidar ninguno: héroe esperanzado, esposa modélica y abnegada, acogida en público sumamente favorable. La película es un canto a la esperanza ante la adversidad, y una defensa del entendimiento y el amor verdadero entre una mente agnóstica y otra creyente. Porque la jovencísima anglicana practicante Jane Wilde, estudiante de Filología Francesa e Hispánica, acepta convertirse en la esposa de Stephen, un doctorando en Física Teórica, al cual se la acaba de vaticinar una brevísima estimación de vida de tan solo dos años. En efecto, es el uno de enero de 1963 y Hawking derrama una copa de vino al sentir que su mano no puede sostenerla. A finales del mismo mes, se le diagnostica la esclerosis, y se le da un periodo de tiempo de dos años antes de la defunción. Estamos en enero de 2015, y Hawking acaba de cumplir 73 años, es decir, 52 de convivencia con la mortal parálisis. Único caso constatado en el mundo con un margen de supervivencia tan amplio. Otro milagro: Dios ha permitido que ese cerebro prodigioso siga activo.

 
En apuntes suaves se nos da a conocer la progresión intelectual de Stephen: de la teoría de la singularidad de 1965, respetuosa con el modelo de Penrose, con un Universo con un comportamiento análogo al de un agujero negro, es decir, con un comienzo y un final por absorción de la materia, hasta el diseño teórico de 1981, de un cosmos sin límites espacio-temporales, o lo que es lo mismo, sin principio ni fin, sin Alfa ni Omega, sin la necesidad de un Creador o Motor Primero. Cuando Hawking alumbra, en 1988, su mayor éxito editorial –que tuvo que reescribir varias veces, para volverlo comprensible--, Breve historia del tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros, Carl Sagan anotó en el prólogo: “Este es también un libro acerca de Dios…, o quizá sobre la ausencia de Dios. La palabra Dios llena estas páginas. Hawking se embarca en una búsqueda para contestar a la famosa cuestión de Einstein sobre si Dios tuvo algo que ver en la creación del Universo. Hawking intenta, como él explícitamente declara, entender la mente de Dios. Y ello lleva a la más inesperada conclusión: un Universo sin límite en el espacio, sin principio ni fin en el tiempo, y sin razón para un Creador”.
 La materia no tendrá creación, pero Hawking todavía no ha podido establecer la ecuación inmutable que la determina. Quizá, va camino de ello...
Es en noviembre de 1970, mientras intenta desencajarse el cuello de un jersey, cuando el científico repara, al trasluz, en el calor de la lumbre de la chimenea. El fuego, energía en combustión, irradia luz y calor. ¿Por qué no va a poder experimentar lo mismo un agujero negro que colapse? En enero de 1974, el genio enuncia la “radiación de Hawking”: cuando un agujero negro se va convirtiendo en una singularidad, la pérdida de su masa se traduce en la fuga de partículas de radiación incapaces de ser absorbidas por el núcleo del propio agujero. El resultado es que no hay final posible, pues la radiación que escapa se expande hacia otros lugares del Universo. Si no hay un final, si la materia se regenera y autorregula constantemente, tampoco cabe pensar en un principio.


Si hubo esa gran explosión que, en tan solo una fracción de segundo, alumbró el Universo, superando, incluso, a la velocidad de la luz, y quebrantando el modelo físico en su mismo inicio, ¿qué fue lo que la originó? ¿Qué había antes del Big Bang, y por consiguiente, del espacio-tiempo? ¿Qué espacio físico contuvo a la primera partícula, la primigenia burbuja madre del Cosmos? ¿Qué es y qué cometido tiene la “materia oscura”? ¿Por qué esta repele, en vez de atraer, como la gravedad? ¿Por qué, en definitiva, existe el Universo? Muchas preguntas, que Hawking pretende reducir a una sola ecuación. Una única fórmula que dé respuesta a todos esos enigmas. Que compagine a la perfección la mecánica cuántica con la relatividad general de Einstein. ¿Será posible? ¿Se conseguirá algún día? Por otra parte, ¿acaso solo somos producto y resultado de la casualidad? Esta película puede llevar al espectador a plantearse este y otros varios interrogantes sobre las leyes de la Física.
La vida conyugal y familiar de Stephen distó mucho, no obstante, de ser idílica. No es fácil asistir a un cuerpo vegetativo, y dejar que tu hogar se llene de enfermeras. Después de su tercer hijo, el matrimonio Hawking se separa. Stephen se une a la asistente que lo cuida, y Jane al director de coro de su iglesia. Así lo versiona el propio protagonista, en su autobiografía: “Fui sintiéndome más infeliz por la relación cada vez más estrecha que existía entre Jane y Jonathan [el director del coro]. Al final no pude aguantar más la situación y en 1990 me mudé a un piso con una de mis enfermeras, Elaine Mason (…) Elaine y yo nos casamos en 1995. Nueve meses después Jane se casó con Jonathan Jones.” Y Hawking prosigue: “Mi matrimonio con Elaine fue apasionado y tempestuoso. Tuvimos nuestros altibajos, pero el hecho de que ella fuera enfermera me salvó la vida en varias ocasiones (…) Todas esas crisis pasaban su factura emocional a Elaine. Nos divorciamos en 2007 y desde entonces vivo solo con un ama de llaves.”
La opinión de Jane Wilde, entonces señora de Hawking, no es, naturalmente, la misma. Al parecer, Stephen la apartó de la gestión de los derechos de autor de Historia del Tiempo (que ya lleva vendidos más de diez millones de ejemplares). En una entrevista para The Guardian, Jane se mostró franca: el éxito le había venido bien a Stephen, y le había proporcionado ciertas comodidades tanto a él como a su familia. Pero no paliaba los duros y agrios momentos de desesperación, motivados por los negros pozos de la esclerosis lateral. Además, poco a poco, Jane fue siendo suplantada por Elaine Mason en la influencia sobre Stephen, quien exigía más y más atención cada vez. Jane se enteró por una carta de su marido de su intención de marcharse a vivir con Elaine. Ese fue el final. Sin embargo, hoy día Jane y Stephen Hawking mantienen una relación cordial, y ella reconoce “el gran privilegio que fue viajar con él, aunque fuera una corta distancia, hacia el infinito.”
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Los primeros avances de Stephen Hawking en Cambridge ya fueron motivo para un entretenido telefilme de la BBC, Hawking (Philip Martin, 2004), con guion de Peter Moffat, e interpretado por Benedict Cumberbatch (The Imitation Game) y Lisa Dillon (quien presentaba un gran parecido con la Jane Wilde auténtica). Pero aquella película se quedaba en el comienzo de la enfermedad de Hawking, cuando caminaba con bastón y aún no se había casado con Jane.
 
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 Las interpretaciones de La teoría del todo son eficaces: Eddie Redmayne calca la sonrisa pueril, los andares tortuosos y el tronco y piernas desvencijadas del Hawking real; por su parte, Felicity Jones no se queda atrás, componiendo una calidísima y atractiva Jane. La película no sería la misma sin este bien escogido tándem, que funciona con la complicidad de la veteranas parejas de Hollywood: Teresa Wright y Gary Cooper (en la ya citada El orgullo de los yanquis), Greer Garson y Walter Pidgeon (La señora Miniver, Madame Curie), June Allyson y James Stewart (The Stratton Story, The Glenn Miller Story).

 
La teoría del todo es una película recomendable, instructiva, ilustrativa, bonita. Un acercamiento brillante a un drama asombroso, que sobrecoge y sorprende a un tiempo.
De todas formas, que no nos lleve a creer que Stephen Hawking es el único astrofísico que existe.

© Antonio Ángel Usábel, febrero de 2015.
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* PARA SABER MÁS:
--HAWKING, Stephen W., Historia del Tiempo. Del big bang a los agujeros negros, Barcelona, Ed. Crítica.
--HAWKING, Stephen y Leonard Mlodinow, El Gran Diseño, trad. de David Jou i Mirabent, Barcelona, Ed. Crítica, 2010.
--HAWKING, Stephen, Breve historia de mi vida, trad. de Ana Guelbenzu, Barcelona, Ed. Crítica, 2014.
--HAWKING, Jane, Hacia el infinito, trad. de José Luis Delgado Pérez, Barcelona, Ed. Lumen, 2015.
 
 
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